Retratos

La capacidad para representar un paisaje desde la interpretación plástica de sus esencias hecha composición, color, formas dramatizadas, idealizadas o poéticas de las tierras, de la naturaleza o del aire, es una constante valiosa e invariable de Juan Molino, que no sólo le ha servido para ser reconocido por sus primeros maestros, y por las becas y premios conseguidos, sino que es una de sus principales fortalezas como artista indiscutible.

El paisaje adquiere una dimensión plástica, en la que a veces se incorpora, para darle dimensión justa y adecuada, la figura humana.

Reminiscencias de la escuela castellana madrileña, ecos del postimpresionismo español, juegos compositivos, expresivos y fauvistas que a veces recuerdan a Cezanne y otras a Pierre Bonnard adquieren una personal fuerza expresiva que los conecta con el conjunto de obra más valiosa de nuestro autor.