Realismo y neofiguración

El cuadro reproduce una especie de retablo social, casi teatral, en el fondo paisajístico de una tierra de olivos, cuyo perfil superior puede recordarnos el del mapa de Jaén o bien algunas de las múltiples sierras escarpadas hasta las que alcanza el cultivo del olivar. Un cielo oscuro, metafísico, fragmentado a la mitad del cuadro traza y subrraya la sensación de una escenografía simbólica, mientras el paisaje se extiende y se integra perfectamente hacia la base del cuadro, donde las figuras se imponen con una rotundidad aplastante. Una familia de campesinos de formas y rostros indefinidos nos habla de una generación envejecida por la tierra, unidos por tres líneas paralelas a la figura de una persona trajeada, sentada y estática que representa a la inevitable, y lamentablemente real, figura del señorito andaluz, el rentista pasivo que tanto ha condicionada la propiedad de la tierra y el modelo social andaluz durante la postguerra y la dictadura española. La imagen inequívoca de unos niños parece subrrayar la ausencia de generaciones intermedias, por contraste con las figuras del viejo con sombrero de paja y la vieja con tocado negro. Con ello el autor nos sugiere, por exclusión, el fenómeno social más importante de la historia de Jaén desde los años cincuenta: la emigración, fenómeno muy relacionado con el monocultivo del olivar y la distribución desigual y desproporcionada de la tierra. Ciego a la realidad social, la figura sentada parece amasar en sus manos un capital informe e indefinido, un amasijo de pinceladas que adquiere un valor denotativo tanto como la venda que le cubre los ojos a la realidad. Hay que tener en cuenta que este cuadro se pintó en 1976, cuando la dictadura se quiebra con la muerte de Franco. Pero sus valores semánticos y estéticos trascienden su retrato simbólico y su contexto histórico.

Una pincelada fuerte y definida de tonos oscuros, se equilibra con sugerentes matices de tierras, ocres y malvas. Un paisaje de casas serranas, trazadas con un claro vigor e inequívoco valor compositivo, nos sirve para integrar perfectamente las figuras del grupo familiar en su entorno rural. La libre resolución de los rostros indefinidos formalmente, pero de una dramática fuerza expresiva, realza su valor simbólico y genérico.

No es de extrañar que este cuadro de factura tan española haya sorprendido gratamente a numerosos pintores y críticos, porque el uso expresivo de los recursos abstractos, expresionistas y figurativos está perfectamente en función de su significado.

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