Realismo y neofiguración

Si el realismo tiene en su propio virtuosismo representativo la limitación de su expresividad, la concrección de su propio significado, es normal que Juan Molino volviese a buscar en las raíces de su carácter apasionado, emocional y barroco (en el sentido más universalmente andaluz de este concepto) su propio lenguaje y su nueva obra.

Es en esa época es cuando introduce la fuerza expresiva de una pincelada sustancial y amplia, incorporando muchas de las incuestionables aportaciones que el Grupo el Paso (y con él la pintura abstracta española) habían aportado, y sumándolo a una incuestionable vocación figurativa que en algunos aspectos, aunque de forma muy lejana, puede recordar al pintor Francis Bacon.

Es el momento en que su obra es destacada por el crítico Campoy en la selección del Concurso Blanco y Negro, y que una trilogía de sus obras es reconocida con el premio en la Bienal de Otoño de Sevilla. Obras grandes, rotundas, con una entidad propia como cuadros, pero con una unidad conjunta que es reconocida por público y crítica.

Tierras de Jaén

Campoy hace alusión, refiriéndose a la obra “Tierras de Jaén” de Juan Molino (Diario ABC), al surgimiento de una Nueva Figuración, antes incluso de que en España suene la llamada Transvanguardia italiana de Francisco Clemente, o la Figuración de la Escuela Madrileña representada por Luis Gordillo, Guillermo Pérez Villalta y Chema Cobo.

Un análisis de esta obra, destacada también por Agustín Úbeda ( ) como una de las mejores de la exposición colectiva “Jaén Pintada” en la que él mismo también participaba, nos dará las claves de su valor y de lo que representaba esta Neo-figuración en ese momento del arte contemporáneo español.

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