Realismo y neofiguración

Aún así, analizando la primera de estas obras, podemos apreciar la magnífica factura de los objetos, su volumen y su textura parecen que los moldean como si estuvieran formados, más que de pintura, de su propia materia: barro esmaltado, madera, vidrio,… El azogue del cristal viejo, la extraña composición en ángulo, le confieren un notable misterio propio de los muebles y los rincones de una época en la que el tiempo parecía transcurrir mucho más lento, suspendido, detenido en una hora imprecisa sobre una única manecilla del reloj. Un misterio que se refuerza con la forma extraña que se refleja, como una máscara, en el viejo espejo.

El realismo, a partir de Antonio López, no es el realismo de la fidelidad a las formas, sino el realismo que pretende recoger el silencioso misterio inherente a las cosas y a su materia, sujetas a un entorno de luz y al mundo callado al que pertenecen.

Reflejos

En “Reflejos”, ese realismo misterioso se vuelve más extraño y metafísico, una escultura de escayola, envuelta en plástico y amordazada, se refleja en un espejo que apenas se sostiene sobre una ligera cuerda de pita suspendida en el fondo oscuro, silencioso y sobrio de una pared que, al mismo tiempo es el espacio plano del fondo del cuadro. Una obra misteriosa y difícil, donde el volumen de la escultura se ha diluído, envuelta como obra de Christo (…./…) en un material lechoso, traslúcido. Una metáfora de la dificultad del arte realista para ofrecer una representación libre de sí mismo en una sociedad que estaba cambiando, o un epílogo del propio estilo en un momento histórico en que la imagen fotográfica ya había conseguido el máximo de su poder icónico. Este cuadro mereció un premio destacado en la Feria Ibercit de Valencia.

Pages: 1 2 3 4 5 6