Realismo y neofiguración

Con ellos decide su traslado a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Una escuela que se deja notar en los cuadros de aquella época en unos colores más oscuros y opacos, con una paleta más sobria propia de la llamada “escuela madrileña o española”.

Allí estudia con Antonio López, el gran pintor realista español de la pintura contemporánea, con Francisco Carralero, notable paisajista y con Francisco Nieva, autor teatral, pintor y escenógrafo de arrolladora personalidad.

La valía como paisajista de Juan Molino le hace merecedor, en el cuarto curso de sus estudios, de la Beca de Paisaje de la Fundación Rodríguez Acosta de Granada, para los alumnos más sobresalientes de la Escuela de San Fernando en esta temática.

La brillante trayectoria de Juan Molino como alumno, su notable curriculum en las calificaciones, se verán truncados por un suceso histórico que aparentemente no tendría que haber afectado al mismo. En 1972, el atentado contra Carrero Blanco, férreo presidente de la dictadura franquista de la época, supuso la supresión de la prórroga para cumplir el servicio militar de miles de jóvenes estudiantes universitarios. La interrupción del último curso en la licenciatura de Bellas Artes, la dificultad para presentarse en junio a determinas asignaturas hizo que la media académica de Juan Molino descendiera, no logrando la deseada Beca Roma para pintores a la que aspiraba por méritos propios.

Durante esta época ya ha descubierto que el realismo, (del que pueden ser exponentes las obras “Bodegón con reloj” y “Reflejos”) es un camino superado, y que él se siente mejor haciendo una pintura donde la carga emocional de la pincelada y la factura suelta de las formas recrea mejor su visión plástica del mundo.

Bodegón con reloj

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