Genio y figura de Juan Molino

A juzgar por el título de la muestra, De la naturaleza y el hombre, se podría inferir un aliento ecologista en estas pinturas de exuberante vegetación, rincones paradisíacos y figuras de epopeya. Pero yo creo que Juan Molino va más allá de la moda sin despreciar con ella el interés humanista de una corriente que despierta crecientes entusiasmos.

Hay figuras humanas y hay naturaleza en estado puro, pero también hay tragedia y expresionismo. El cuerpo es visto como decoración del paisaje, como aveces aparece en Rubens, porque también el hombre es naturaleza, pero no siempre esa simbiosis es amable y placentera, pues si el hombre se comporta como verdugo, el medio ambiente se venga haciendo polvo a su agresor.

Juan Molino vive apartado de la actualidad más puntera, pero se expresa con profundidad filosófica y con luminosidad poética a través de un lenguaje visceral destinado a conciencias no maleadas por la veleidad cambiante del comercio. Ante sus medianos formatos (cosa rara ya entre pintores de renombre que sólo firman en grande…) bailan duendes románticos, monstruos negros de Goya, genios impresionistas y hasta algunos flecos fauve que hace dieciseis años constituían su tarjeta de presentación.

Es posible que Juan Molino haya perdido algo de espontaneidad y de alegría desde aquellas figuras de trazo enérgico y explosivo; pero ha ganado en profundidad, meditación y sedimentos. Estas visiones manan de una vena poética que priva sobre el razonamiento o la pasión pura. A la fruición sensual del gesto sucede ahora la magia y el misterio: la vida con sus estaciones y sus alternancias de luz y noche no ha pasado en vano por el cuaderno de notas de Juan Molino. Esta obra reciente no sólo es un poema sino también un problema que, sin olvidar los requisitos del oficio, pretende ir más allá de la manoseada e intranscendente superficie por la que se desliza el hombre cuando no se da cuenta de que él es también naturaleza.”

Juan Manuel Gómez Segade    (Crítico del DIARIO IDEAL, Granada)

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